Vida nonagenaria: Llena de la providencia de Dios

Entrevista BS_007

El Papa Francisco dijo este 2021: “La vejez es un don y los ancianos son el eslabón entre generaciones, para transmitir a los jóvenes la experiencia de la vida y la fe”. Quien encarna esas palabras de principio a fin es el P. Severino Tardivo, misionero italiano, que a sus 96 años camina junto a los jóvenes teólogos de Lo Cañas acompañando a las futuras generaciones de salesianos.

Conocí al P. Severino en 2018 -hermano más longevo de nuestra Inspectoría- en la celebración de las ordenaciones sacerdotales del P. Eduardo Oviedo, P. Osvaldo Valenzuela y P. Edward Rojas, quienes lo escogieron como padrino. “Yo con mucho gusto accedí. Fue una celebración muy bonita. Todavía nos encontramos y saludamos”, recuerda.

Respecto de la situación que vive nuestra Congregación e Iglesia en torno a las vocaciones religiosas, expresa que “antes había 13 o 14, y ahora no se da eso. Vienen de a poquito. Es una fortuna ver tres sacerdotes, porque ya no será tan fácil. Hay que agradecer a Dios la vocación que nos mande”.

El P. Severino Tardivo Ghibaudo es oriundo de Piamonte, norte de Italia. Nació en el seno de una familia de fe, de misa dominical. Sus padres, José y María, tuvieron 10 hijos, de los cuales seis siguieron la espiritualidad de Don Bosco, convirtiéndose en salesianos sacerdotes, todos misioneros: Agostino en Medio Oriente, Giovanni y Michele en Centroamérica, Pietro en Argentina y Severino y José en Chile, este último fallecido el 1 de julio de 2014.

La fecundidad del carisma salesiano en la familia Tardivo Ghibaudo quedó inmortalizada en una foto, que se transformó en una imagen emblemática que forma parte de la historia salesiana mundial. En 1960, los seis hermanos se retrataron junto a su madre en la casa de Don Bosco en I Becchi.

“El Rector Mayor de ese tiempo dio la orden de que nos juntáramos todos en Italia para homenajear a la mamá. Para estar con ella y felicitarla. Fuimos a Turín, hicimos la misa a María Auxiliadora y después nos sacamos una foto frente a la casa. Fue algo muy bonito”, comenta.

Los hermanos Tardivo también tienen una fotografía con Juan XXIII, el “Papa Bueno”. “Supo que había una familia con seis hijos salesianos y pidió reunirse con nosotros después de la audiencia. Se puso a conversar con cada uno, fue muy amable y sencillo. Llamó a un fotógrafo para sacar una buena foto. Unos días después llegó una camioneta a la casa y nos trajo una copia de ella”, señala.

Confiesa que el ejemplo de sus hermanos caló hondo para tomar la decisión de seguir una vida religiosa. “Me animé mucho para seguir su camino. Eso influyó para iniciar esta vocación y seguir adelante, a pesar de las dificultades, pero el Señor nos acompaña si trabajamos por él, los jóvenes y su Iglesia”.

El P. Severino hizo su primera profesión religiosa el 16 de agosto de 1944 y fue ordenado sacerdote el 30 de noviembre de 1954. Llegó a Chile en 1950. Comenta que no tuvo dificultades para adaptarse a nuestro país y cultura.

“Llegué en Año Nuevo y en las vacaciones aprendí lo principal del español. En tres meses ya estaba haciendo clases y me las arreglaba para comunicarme con los chicos. Fue fácil encontrarme con ese ambiente de gente acogedora, abierta, que acompaña y ayuda”.

Para él, los jóvenes son la esperanza de la Iglesia, porque “son los portadores del mensaje evangélico”. Los invita a tener confianza, “porque junto al Señor no nos podría ir mal”.

Cuando le pregunto por el secreto de su salud, me responde que “viene de Dios, que Él sabe cómo nos da la vida”, y concluye con un “ahí vamos a ver hasta cuándo Dios tiene paciencia con nosotros para mantenernos acá”.

Por Karina Velarde, periodista

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