Respirar con los dos pulmones

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El Aguinaldo de este año nos propone formar al “buen cristiano”, el otro polo del binomio. Es la dimensión de “cielo” que evoca el Padrenuestro y que constituye la esencia del corazón humano. Pero para mantener ese corazón sano, necesitamos los dos pulmones: llenos de aire puro y de Espíritu Santo.

Para Don Bosco, la transformación de la realidad social mediante la educación de los jóvenes como “honestos ciudadanos” necesita, se fundamenta y tiene su culmen en la dimensión de la fe. Solo por el encuentro con Jesús el joven sacará de su interior lo mejor de sí, alcanzando niveles de entrega en los que encontrará su verdadera y más auténtica felicidad, energía necesaria para generar una sociedad nueva.

Una vez más aflora la fuerza de la “gracia de unidad”, armonizando con coherencia la indispensabilidad y mutuo reclamo de los dos principios en cuestión: el compromiso como ciudadanos en la tierra y la vida de la Gracia de Dios.

El Oratorio, una catequesis

“Esta sociedad comenzó siendo una simple catequesis”, afirmaba Don Bosco. Esto nos lleva a nuestros orígenes y raíces. El Oratorio, que es toda casa salesiana, ante todo es un espacio evangelizador que acerca y propone al muchacho el encuentro con Jesús.

Para los padres y educadores implica, por tanto, que “nuestra ciencia más eminente sea el conocimiento de Jesucristo, y nuestra alegría más íntima, revelar a todos las riquezas insondables de su misterio”; por eso mismo, “caminamos con los jóvenes para llevarlos a la persona del Señor resucitado, de modo que, descubriendo en Él y en su Evangelio el sentido supremo de su propia existencia, crezcan como hombres nuevos” , como se indica en la constitución de nuestra congregación.

Un cristianismo para el pueblo

En la propuesta de vida cristiana, Don Bosco es decididamente “salesiano”. Se inspira en su santo patrono, Francisco de Sales, que acerca la “devoción”, “la perfección de la caridad”, como él la define, a todo tipo de vocaciones. Es el santo que populariza la santidad. De hecho, plantea que el ejercicio de la devoción esté proporcionado a las fuerzas, a las ocupaciones y a los deberes de cada uno.

“Poco importa dónde nos encontremos: en todos lados podemos y debemos aspirar a la devoción (...). El camino de la santidad cristiana está al alcance del soldado en su regimiento, del artesano en su taller, del príncipe en su corte, de los esposos en su intimidad”, señaló en su tiempo el Santo de Ginebra.

Este es el modo de vivir la fe que Don Bosco propone a sus primeros jóvenes pobres y excluidos, provenientes de las calles y de las cárceles de Turín.

Cristianos a lo “Garelli”

Justamente, Don Bosco afirma que la piedra angular del Oratorio es la experiencia de evangelización y catequesis tenida con Bartolomé Garelli. En una página icónica de las Memorias del Oratorio, describe el inicio del mismo en el encuentro con un muchachito a quien podríamos definir como un chico “nada-nadie”, pues no tenía familia, ni escuela, ni iglesia. Con una sencillez, precisión y ternura que nos dejan maravillados, Don Bosco le propone a Garelli:

“-¿Cuándo quieres que comencemos nuestro catecismo?-. -Cuando quiera-. - Esta tarde?-. -Sí-. - O ¿ahora mismo?-. - Está bien, ahora mismo. Con mucho gusto-. Me levanté e hice, para empezar, la señal de la Santa Cruz, pero mi alumno no pudo, pues no sabía la manera de hacerla. En aquella primera catequesis todo el tiempo me entretuve en enseñarle a hacer la señal de la Cruz y en darle a conocer a Dios, nuestro Creador, y para qué nos había creado. Aunque le costaba retener en la memoria, con asiduidad y atención, en pocos días festivos logró aprender las cosas necesarias para hacer una buena confesión y poco después una santa comunión”, expresó Don Bosco de esa experiencia.

Según el Padre Braido, en este texto “el mensaje se sobrepone a la historia, y la parábola, a los datos historiográficos constatables; el programa y las orientaciones espirituales y pedagógicas están pensadas a futuro”.

Cristianismo fácil, joven y alegre

“Don Bosco lee la realidad juvenil con los ojos de Dios”, afirmó el Papa Francisco. Su propia vida de fe se proyecta desde el prisma de la vida de los jóvenes. Todo el carisma salesiano está marcado por el “dinamismo juvenil” que lo identifica.

En “El joven Instruido”, Don Bosco dialoga con los jóvenes esta propuesta: “Voy a indicarles un plan de vida cristiana que pueda mantenerlos alegres y contentos. Tal es el objeto de este devocionario; esto es: decirles cómo han de servir al Señor sin perder la alegría. Les ofrezco un método de vida breve y fácil, pero suficiente para que puedan ser: el consuelo de sus padres, el honor de la patria, buenos ciudadanos en la tierra y, después, un día, los felices poseedores del cielo”.

Este Aguinaldo nos desafía como educadores “salesianos” a ser “buenos cristianos”, con el estilo de Don Bosco: cristianos en la vida cotidiana, en nuestros quehaceres, en nuestras obligaciones, compartiendo con los jóvenes ese impulso que nos da el “corazón oratoriano” plenamente arraigado en la tierra y totalmente lleno de la alegría del cielo.

Por P. Luis Timossi, sdb

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