Editorial 206

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Estimados miembros de la Familia Salesiana, amigos de Don Bosco:

Les saludo desde Valdocco, Turín, cuna de nuestra familia espiritual, donde me encuentro participando en el Capítulo General 28 (CG 28). Han sido días extraordinarios de comunión con el Señor Jesús, nuestro padre Don Bosco y los salesianos consagrados, jóvenes y laicos del mundo entero.

“¿Qué salesianos para los jóvenes de hoy?” es el tema que nos convoca. Estamos profundizando acerca de cuál debe ser el perfil del salesiano capaz de dar respuesta a los jóvenes de hoy, a todos, especialmente a los más pobres y necesitados, a los excluidos y descartados, a los más frágiles y privados de derechos. Y esto en un mundo cada vez más complejo y que experimenta cambios velozmente.

Esto lo vivimos con fuerza en nuestro país por las demandas que surgen desde diversos sectores sociales, las que dan cuenta de un profundo malestar de personas y familias que se ven afectadas por injustas desigualdades, por decisiones arbitrarias que les afectan en su vida diaria y por prácticas cotidianas abusivas que lesionan especialmente a los más vulnerables. Lo vemos y sentimos en muchas de las familias con las que compartimos la misión diariamente a lo largo de tantos años dedicados a la educación y evangelización.

Como Familia Salesiana tenemos un enorme compromiso con los jóvenes más pobres a través de la educación y el acompañamiento en la fe. Más que nunca debemos ayudar a nuestros jóvenes y sus familias a vivir esta crisis, transmitiéndoles el verdadero significado de ser un “buen cristiano y un honesto ciudadano”, que lucha con la verdad y busca la justicia para construir el bien común, aportando una mirada desde nuestra profunda relación con Dios, Padre amoroso que nos ha salvado y salva en Jesús, en quien somos hermanos por acción de su Espíritu Santo.

Estamos llamados a erradicar el odio y la violencia de nuestras miradas, pensamientos, acciones e, incluso, sentimientos, ya que no permiten construir la verdadera convivencia entre todos los chilenos. Para alcanzar una vida mejor debemos cimentarla en el amor a Dios, a los demás y a la naturaleza. Poner el fundamento en el amor que nos vincula es el gran aporte que podemos dar como creyentes en Cristo, junto con los aportes técnicos, económicos y sociales.

Es hora de soñar en grande; otro Chile es posible si de verdad deponemos nuestras ideologías y egoísmos; podemos avanzar respetándonos y escuchándonos de corazón. Don Bosco nos enseña que el amor es la fuerza que nos renueva y desarrolla. Tenemos que hacer nuestro mayor esfuerzo por aportarlo en cada uno de los ambientes en que nos desenvolvemos, para así recuperar la convivencia armoniosa, sabiendo que la meta final no es inmediata, pero es posible.

Les bendice, P. Carlo Lira Airola, Inspector

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