Un misionero regresa… otros se van a la misión

 

En este saludo quiero referirme a un misionero salesiano que ha estado 18 meses secuestrado y a otros 34 salesianos de Don Bosco e Hijas de María Auxiliadora que se van a la misión en los diversos puntos del mundo. Han sido 148 los envíos misioneros en nuestra Familia Salesiana desde aquel 11 de noviembre de 1875. Hay un profundo sentimiento de acción de gracias en ello.

Pero antes quiero resaltar un hecho que ha sido una verdadera Gracia y Don de Dios. Era la tarde del 12 de septiembre pasado cuando recibimos una llamada en la que se nos comunicaba que el P. Thomas Uhzunnalil había sido liberado y que estaba llegando a Roma en un vuelo procedente del Sultanato de Oman.

Después de 18 meses de secuestro, también de miedo y esperanza, conocer la noticia fue algo maravilloso. Recibimos a nuestro hermano salesiano Thom; venía débil de fuerzas físicas; había perdido 30 kilogramos, el 38% de su masa corporal; inseguro en el caminar porque no se había podido ejercitar en todo ese tiempo, pero venía fuerte en su espíritu, sereno, lúcido y lleno de paz.

Esto me ha llevado a pensar cómo Dios es capaz de hacer de lo más débil y de lo más frágil una voz de su presencia y de su fuerza. El P. Tom nos comunicaba cómo había vivido estos 18 meses: con serenidad, mucha paz, dando gracias a Dios cada noche por el día que había vivido -aún sin haber podido salir de su lugar de secuestro ni ver la luz-, y le decía que si al día siguiente le llegaba el final de su vida, iría sereno a su encuentro.

Nuestro hermano Tom rezaba todos los días por sus captores. También rezaba por las hermanas misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta que habían sido asesinadas en su presencia. Rezaba por sus seres queridos y por su familia salesiana y por los jóvenes.

Como no podía celebrar la Eucaristía con pan y vino, la rezaba todos los días mentalmente y eso le daba también una gran fuerza. Rezaba y rezaba, dominando mucho su pensamiento para que éste no se volviera en contra.

Regresó a nosotros lleno de paz. Indudablemente que en esta dolorosa experiencia creció mucho en su interioridad. No pretende nada, no espera ningún reconocimiento, simplemente continuar sirviendo y trabajando serenamente.

Nos hablaba de su condición de misionero. Estaba en el Yemen como misionero y se sintió misionero más que nunca durante estos 18 meses, aunque no pudiera ‘hacer nada’, pero sí ‘fue todo’, porque cada día entregaba lo que era, con absoluta inocencia.

Mientras nuestro hermano Tom estaba en Roma, otros 21 Salesianos y 13 Hijas de María Auxiliadora recibían el crucifijo de su envío misionero, todos con el corazón preparado para servir allí donde más se les necesite, dejando su mundo conocido, la cercanía de sus vínculos y afectos para vivirlos acompañando a otros rostros, otras sensibilidades, otras gentes.

El puente entre el P. Tom y los nuevos misioneros y misioneras estaba construido. El testimonio de nuestro hermano era para estos nuevos misioneros todo un testimonio de vida que se dona.

Estos son hechos que no tienen nada de ficción. Es la vida misma de estos hombres y mujeres, de creyentes que han decidido vivir desde una absoluta y radical donación. Es, sin duda, un testimonio que nos interpela a todos.

P. Ángel Fernández Artime, Rector Mayor de los Salesianos

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