Un binomio desafiante

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La propuesta del lema ofrecido por el Rector Mayor para vivir este año como Familia Salesiana es sumamente atractiva y desafiante. La oración que rezamos todos los días a nuestro Padre Dios le da su raíz y su sentido: hágase tu voluntad y amor, tanto en la tierra como en el cielo.

Lo que don Bosco nos propone como educadores y evangelizadores de los jóvenes es justamente un “binomio”, que establece una tensión dinámica, simultáneamente de distinción y de reciprocidad complementaria e indisoluble entre ambos polos. Tanto uno como otro son facetas realmente diversas: aspectos específicos de la realidad del ser humano y de su proceso de educación: “la tierra” -honrados ciudadanos- y “el cielo” -buenos cristianos-.

Pero de acuerdo a “su” sistema, ambos aspectos se reclaman uno al otro, de tal manera que no existe para él un joven perfecto (santo), sino un ciudadano maduro y comprometido en la comunidad, y un hombre de Dios: seguidor de Jesús y de su Evangelio, de la mano de María.

La tensión como riqueza

Toda “tensión” genera una sensación de inestabilidad que provoca las ganas de disminuirla o eliminarla, inclinando la balanza hacia uno de los platillos, o haciendo desaparecer uno de los polos, lo que produciría la deformación del binomio. En este caso se caería en aberraciones como el “activismo” o el “intimismo”. La solución, en cambio, es una búsqueda y aprendizaje de armonía.

Existe una mutua relación circular entre los dos polos: los dos tienen su indispensabilidad desde puntos de vista diferentes. El procedimiento consiste en permitirle a la “gracia de unidad” -don y fuente del carisma salesiano- ejercer su sabiduría educativa sobre nosotros.

Se trata de una gracia y un aprendizaje: como aprender a mantenerse armónicamente dispuestos en una patineta skateboard en movimiento. Nos podremos llevar inicialmente unos cuantos porrazos, pero la sensación de agilidad y libertad que adquirimos en el desplazamiento, a medida que crecemos en destreza, compensa y, más aún, hacen disfrutar de la ligereza, vivacidad y rapidez que logramos. Seguridad y desafío se armonizan en una nueva síntesis superadora.

Utopía de una sociedad cristiana

¿Es posible una sociedad cristiana? El proyecto del Reino mesiánico formulado por Isaías 11: “La vaca y la osa serán amigas, sus crías descansarán juntas, y el león y el buey comerán pasto juntos. El niño de pecho jugará junto a la cueva de la cobra, y el niño destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora”. ¿Es solo un sueño irrealizable o una profecía?

La utopía, término creado por Santo Tomás Moro, es un sistema ideal en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, donde todo discurre sin conflictos y en armonía; un proyecto o plan ideal, atrayente y beneficioso para la comunidad, que es muy improbable que suceda o que en el momento de su formulación es irrealizable. La utopía tiene una función particular: “empujar” al futuro.

Don Bosco utópico

Cuando estudiaba salesianidad, recuerdo muy bien una afirmación del querido P. Fernando Peraza: “La utopía de Don Bosco no es la educación de la juventud, sino llegar a formar una sociedad cristiana”.

Eligiendo trabajar por la juventud, justamente definida por él mismo como “la porción más delicada y valiosa de la sociedad”, don Bosco hace la opción por formar a los agentes de transformación del sistema social y político, con el fin de construir -con los jóvenes y por medio de ellos- una sociedad que tenga como corazón los valores del Evangelio.

Este polo del binomio del Aguinaldo nos sumerge de lleno en la comprensión del pensamiento humano- espiritual de Don Bosco.

La educación del corazón, clave de la armonía

Don Bosco cree que la verdadera religión es surgente viva del alma cívica. Por eso educa a los jóvenes a partir del corazón: haciéndolos tomar conciencia y desarrollando en ellos el don de la caridad teologal recibida en el bautismo. El amor de Dios inscrito en el corazón se transforma en el dinamismo motriz de la caridad ciudadana y es el fundamento del respeto, la honestidad, la justicia, el cumplimiento del deber, la posibilidad del diálogo político.

La caridad evangélica es la única capaz de ir más allá, de sanar el tejido social y suturar la brecha generada por la violencia, pues hasta impulsa a amar a los mismos enemigos, “pero yo les digo: amen a sus enemigos”.

Don Bosco patriota

La consecuencia de esta fórmula, vivir como “honrados ciudadanos y buenos cristianos”, conduce a concebir siempre al verdadero cristiano como celoso y óptimo ciudadano, que antepone a sus propios intereses los intereses de la patria y de sus compatriotas.

En los actos apoteóticos de su canonización, Don Bosco fue reconocido como “el santo más italiano y el más italiano de los santos”, declaración que pone en evidencia su compromiso histórico por la construcción de la identidad de su patria, con gobiernos en su mayoría laicistas y anticatólicos.

El Aguinaldo tiene, pues, una mordiente que desafía nuestra misión salesiana -más que nunca en los tiempos que vivimos en nuestros países de América-: ser capaces de educar a generaciones de jóvenes cualificados para realizar la utopía de una sociedad impregnada de valores cristianos que Don Bosco soñó.

Por P. Luis Timossi, sdb

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