Trekking, adiós celular de vuelta a la naturaleza

trek

El trekking y el corredor de ruta parecen ser dos caras opuestas de una moneda. Mientras este último gusta de la calle, el asfalto y superar su cronómetro en suelo pulcro, sin exabruptos, hay un buen número de personas que buscan lo contrario: la
experiencia de recorrer la naturaleza a fondo mientras suman kilómetros, sin competir. Adentrarse en un terreno que presenta
esa sorpresa que no tiene el plano. Es una opción que toma fuerza, porque sirve para arrancar de la ciudad, para explorar y también explorarse uno mismo.

Esta disciplina tiene mucho de deporte, pero también de turismo. Es excursionismo. A veces, en aquel cerro que siempre viste, pero nunca recorriste ni trepaste con tus propios pies. Porque otra cosa es vivir y transpirar ese camino. Por eso el trekking toma distancia del senderismo, que está más asociado a la relajación y la caminata extensa, pero señalizada. El trekking requiere esfuerzo, se sale con las rodillas más raspadas y también está pensado en descubrir las grandes bellezas naturales, de esas que Chile tiene para regalar.

El trekking requiere ir bien provisto. Zapatillas apropiadas, agua y alimento, sobre todo en rutas largas. Sí, porque dependiendo del tiempo planificado, surge la posibilidad de acampar y realizar senderos nocturnos. A simple vista, se asocia a un deporte para gente con dinero, por el gasto que significan los artefactos de camping, por lo que implica llegar al volcán Villarrica o Torres del Paine, dos de los lugares predilectos para esta actividad. Sí, hay destinos pensados para cinco o seis días y existen páginas especializadas, que ofrecen el tour pagando en dólares. Pero no todo es grandilocuencia, el trekking es para todos, no se engañe. Existen bellísimos parques naturales al alcance de cualquiera que tenga solo ganas de ponerse la ropa adecuada y subir la pendiente. Muchas veces, el mejor lugar está a la mano y no a tantos kilómetros de distancia.

¿Y de dónde viene este concepto del trekking? El trek es un término nacido en Sudáfrica, para referirse a viajes largos y dificultosos. No tiene un punto exacto de origen, considerando que las travesías largas vienen desde las primeras civilizaciones, pero como deporte se habla del siglo XVIII como el momento en que empieza a masificarse. Por sus condiciones geográficas, Sudamérica y Chile son lugares propicios para este llamativo deporte aventura.

Ruta que limpia

Además del lógico beneficio físico y cardiovascular, el trekking aporta muchas más cosas positivas a quien lo practica. Combina esfuerzo físico con entretenimiento, y por eso es la mejor forma de quemar calorías para aquel que suele decir “me aburre correr solo” o “qué aburrido estar cinco kilómetros corriendo una misma calle”. El excursionismo evita ese tedio de quien no quiere batir marcas, sino que busca divertirse haciendo deporte. Y si eso incluye acampar, se puede transformar en una instancia para juntar a la familia. Sacar a niños y padres de la televisión, los celulares y el sedentarismo. No se necesita ser un talentoso para el trekking. Además, fomenta el trabajo en grupo, sobre todo, en tramos donde se necesita la ayuda del otro para avanzar.

Pero quizás el beneficio más importante tiene que ver con lo psicológico, con lo bueno que resulta para combatir el estrés. Evitarlo antes de que se produzca, salir del tedio, darse el tiempo de conectarse con árboles, la tierra, los olores, los paisajes, incluso la nieve. Escapar del ruido, la contaminación. Asombrarse y darse cuenta de que con todo lo que te ofrece internet no conoces nada, lo real está allá afuera. Y el orgullo de completar un trazado, superando el cansancio, las pendientes intimidantes y mirar atrás con la tarea hecha siempre es una buena metáfora de la vida, de recordar de lo que somos capaces. Simplemente, con ganas, con atreverse a romper la rutina.

Y conocer también significa cuidar. Para el que venga después, para los que no puedan venir. Entre los practicantes del trekking existe una norma de oro que se trata de cuidar la naturaleza, llevar siempre bolsas de basura, no dejar residuos en el camino. Los paisajes no son solo para verlos, son para vivirlos, para conversar de tú a tú con ellos.

Por Paulo Inostroza, periodista

Deja un comentario

*