Santidad: Medida de Vida Cristiana

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En su exhortación apostólica Gaudete et exsultate de 2018, el Papa Francisco explica que el llamado a la santidad en el mundo contemporáneo no está reservado solo para algunos, sino que es una invitación abierta para todo hombre y mujer que quiera recibirla.

“Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”.

El texto de Francisco se sustenta en las Sagradas Escrituras, que en diferentes pasajes muestra el diálogo de Dios con su pueblo y este llamado a la santidad: «Santificaos y sed santos, pues yo, el Señor, soy santo» (Lev 11, 44); «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48); «Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios» (Ef 2, 19).

El mensaje anual del Rector Mayor, P. Ángel Fernández, para la Familia Salesiana este 2019, está inserto en la esencia misma de la exhortación apostólica del Papa: PARA QUE MI ALEGRÍA ESTÉ EN VOSOTROS, LA SANTIDAD TAMBIÉN PARA TI.

El sucesor de Don Bosco traduce esta llamada al lenguaje y sensibilidad de nuestro carisma.

¿Qué es la santidad?

Explica el P. Ángel que Don Bosco entendió muy bien qué es la santidad. Transmitió a los jóvenes de Valdocco que compromiso y alegría van unidos y que santidad y alegría son inseparables. Que se trata de ser santos alegres, porque así lo ha ‘soñado’ Dios, pero que aquello no significa evadir la dimensión más dolorosa de la vida en el sufrimiento. No se puede vivir una auténtica vida cristiana en lo cotidiano al margen de la cruz.

La santidad es la vocación fundamental al amor, perfección de la caridad y por eso da respuesta a la necesidad fundamental del ser humano, de ser amado y amar. La santidad permite experimentar de una manera integral la humanidad propia y la de los demás.

La santidad es una vocación, responsabilidad, compromiso y un regalo de Dios. Una vida santa no es fruto principalmente de nuestro esfuerzo, sino de Dios, quien nos hace santos y nos da fortaleza desde nuestro interior.

Indicadores de santidad

En la introducción de su mensaje, el Rector Mayor sugiere algunas pistas que iluminan el camino:

Vivir ‘la vida de cada día’ como lugar de encuentro con Dios: El corazón salesiano se caracteriza porque concibe la vida de un modo positivo y el día a día se entiende como lugar de encuentro con Dios. Tal lugar pasa a través de una realidad llena de relaciones, trabajo, alegría, distensión, vida de familia, desarrollo de las propias capacidades, donación, servicio…, vivido todo ello a la luz de Dios.

Ser personas y comunidades de oración: La santidad es el don más grande que se puede ofrecer a los jóvenes, y ellos necesitan testimonios de vida con una fe auténtica.

Desarrollar los frutos de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas: Frutos como amor, caridad, alegría, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí.

Practicar las virtudes: No solo rechazando el mal, sino apasionándose por el bien, oración y acción en el mundo, servicio y entrega. Alcanzar la vida buena del Evangelio en la práctica constante de las virtudes será realmente el camino simple de la santidad.

Testimoniar la comunión: La santidad de lo cotidiano hace florecer la comunión y es un generador relacional. La santidad se nutre de relaciones de confianza, de comunión, porque la espiritualidad cristiana es esencialmente comunitaria, eclesial y profundamente diversificada.

Comprender que la vida de cada uno es misión: Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad, dando siempre lo mejor de sí mismo en este empeño.

Buscar la sencillez de las Bienaventuranzas: Las Bienaventuranzas llevan al cristiano a pasar del mirar al actuar con misericordia, que significa ayudar a los demás y perdonar; conservar un corazón limpio de todo lo que ensucia el amor hacia Dios y hacia el prójimo.

Crecer con pequeños gestos: Dios nos llama a la santidad por medio de cosas sencillas, aquellas que podemos descubrir en otros y hacer realidad en nosotros mismos. El camino de santidad no es ni único ni el mismo para todos, y se hace camino de santidad en la propia condición de hombre y de mujer.

La Santidad NO es:

  • Perfección reservada a unos pocos
  • Camino de falsa espiritualidad, que aleja de la plenitud de la vida
  • Conjunto de valores aceptados en abstracto y actuados de manera formal
  • Capacidad de rechazar el mal y de adherir al bien
  • Meta que se alcanza en un instante
  • Actitud de exclusión de aquel que es diferente

La Santidad SÍ es:

  • Vocación común a todos los creyentes, ofrecimiento de Dios a cada hombre y a cada mujer
  • Plenitud de la naturaleza humana perfeccionada por la gracia
  • Armonía de virtudes que encarnan estos valores en la vida
  • Actitud constante, disponible y gozosa de vivir bien el bien
  • Camino progresivo, según la paciencia y benevolencia de Dios

Por Karina Velarde, periodista

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