Presentación de la Bula “Misericordiae vultus” El rostro de la misericordia

El 11 de abril del pasado año 2015, el Papa Francisco emanaba un importante documento titulado en latín “Misericordiae vultus”, que en castellano se traduce “El rostro de la Misericordia”.

En este documento el Papa proclama un año jubilar para:

– Reflexionar sobre la misericordia de Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo;

– Experimentar cada uno de nosotros, en nuestras vidas, la misericordia del Padre;

– Crecer en la imitación de la misericordia de Dios hacia nuestros hermanos los hombres y las mujeres en cualquier situación que ellos se encuentren, especialmente en las periferias.

El documento tiene la fuerza de una “Bula papal o Bula pontificia”, es decir, un texto del Papa sobre determinados asuntos de importancia. En cuanto a su contenido, las bulas expresan diversos mandatos en materia de ordenanzas y constituciones.

En este artículo y las próxima ediciones del Boletín Salesiano, haremos una presentación sistematizada de la Bula para su conocimiento, estudio y vivencia de los lectores.

El año de la misericordia

El Año de la misericordia tiene tres fechas que lo impulsan:

– Su inicio el 8 de diciembre de 2015, Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Esta solemnidad de la Virgen significa el camino de Dios a emprender.

– La apertura de la Puerta Santa en el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II, el tercer domingo de Adviento. Se invitó a vivir la Cuaresma de este Año Jubilar con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios.

– Tanto el Papa Juan XXIII en la apertura del Concilio y el Papa Pablo VI, en la conclusión del Concilio, llamaron a satisfacer la necesidad de hablar de Dios a los hombres de nuestro tiempo, de una manera más comprensible.

Un Año Santo extraordinario, entonces, para vivir en la vida de cada día la misericordia (25).

La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo: la misericordia de Dios no tiene fin.

El Año jubilar se concluirá en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016. En ese día, cerrando la Puerta Santa, tendremos, ante todo, sentimientos de gratitud y de reconocimiento hacia la Santísima Trinidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo.

Objetivo y lema

El objetivo lo encontramos en el “lema” del Año Santo: “misericordiosos como el Padre”. Como ama el Padre, así aman los hijos: Es un Año Santo extraordinario para vivir, en la vida de cada día, la misericordia: Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso (Lc 6,36).

Sujetos de nuestra misericordia

La Iglesia está dedicada, por el amor al hombre, a todo lo que es humano: sale a encontrar a todos, sin excluir a nadie. (11)

En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, donde quiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia. (12)

La Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer y repita con confianza y sin descanso: “Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos” (Sal 25,6).

Nuestra preocupación: abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea.

¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz: sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio; sobre todo los niños privados de la ayuda necesaria.

La misericordia también nos relaciona con el judaísmo y el islam, porque ellos la consideran uno de los atributos más calificativos de Dios.

Israel, primero que todos, recibió esta revelación, que permanece en la historia como el comienzo de una riqueza inconmensurable de ofrecer a la entera humanidad.

Las páginas del Antiguo Testamento están entretejidas de misericordia porque narran las obras que el Señor ha realizado en favor de su pueblo en los momentos más difíciles de su historia.

El islam, por su parte, entre las cualidades que le atribuye al Creador, está el de Misericordioso y Clemente. Esta invocación aparece con frecuencia en los labios de los fieles musulmanes, que se sienten acompañados y sostenidos por la misericordia en su cotidiana debilidad. También ellos creen que nadie puede limitar la misericordia divina porque sus puertas están siempre abiertas.

Este Año Jubilar vivido en la misericordia, pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos harán más abiertos al diálogo y al ecumenismo.

La misericordia en la Palabra de Dios

Lucas

Dios Padre se ha convertido en un ser vivo visible y alcanzó su clímax en Jesús de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (61,1-2).

Un año de gracia”: es esto lo que el Señor anuncia y lo que deseamos vivir.

Conocemos las parábolas de Jesús; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos (cfr 15,1-32).

“No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de sus vestidos. Porque serán medidos con la medida que midan” (Lc 6,37-38). Podríamos hacer una imaginación: imaginémonos en el momento de nuestra muerte, al presentarnos delante de Jesús. Él nos dice: “Pásame la medida con que medías a los demás; ahora te mediré a ti mismo”. ¡Impresionante imaginación! Contiene mucha verdad a la luz de las palabras de Jesús.

Sigue diciendo el Papa Francisco: “¡Cuánto mal hacen las palabras cuando están motivadas por sentimientos de celos y envidia! Hablar mal del propio hermano en su ausencia equivale a exponerlo al descrédito, a comprometer su reputación y a dejarlo a merced del chisme”.

Luego nos abre el evangelio de san Mateo.

Mateo

“Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia” (Mt 5,7). Es la bienaventuranza en la que hay que inspirarse durante este Año Santo.

Provocado por la pregunta de Pedro acerca de cuántas veces fuese necesario perdonar, Jesús responde: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18,22).

Pasando luego al Antiguo Testamento, leemos:

Miqueas

También nosotros podemos repetir: “Tú, oh Señor, eres un Dios que cancelas la iniquidad y perdonas el pecado, que no mantienes para siempre tu cólera, pues amas la misericordia. Tú, Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo. Destruirás nuestras culpas y arrojarás en el fondo del mar todos nuestros pecados” (cfr 7,18-19).

Isaías

“Este es el ayuno que yo deseo: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no abandonar a tus semejantes. Entonces despuntará tu luz como la aurora” (58,6-11).

Como se puede notar, la misericordia en la Sagrada Escritura es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros. Él no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace concreto, visible y tangible. El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. (9)

Misericordia y justicia

En la Biblia muchas veces se hace referencia a la justicia divina y a Dios como juez. Generalmente es entendida como la observancia integral de la ley: esta visión ha conducido, no pocas veces, a caer en el legalismo. En la Biblia, la justicia de Dios es hacer justicia al pobre, al enfermo, al pecador. Aprendan qué significa: “Yo quiero misericordia y no sacrificios” (Mt 9,13).

Si realizamos un rastreo en la Sagrada Escritura, podemos encontrar muchas citas en las que se une la palabra “justicia” con “salvación”: Leamos algunas de las expresiones:

“Te desposaré conmigo en la justicia y en el juicio, en el amor y en la ternura; te desposaré conmigo en la fidelidad” (Os 2,21).

“No hay otro Dios fuera de mí, Dios justo y salvador” (Is 45,21).

“Yo hago descender mi justicia; y mi salvación no se retrasará” (Is 46,13).

“Yo hago de pronto llegar mi justicia, mi salvación llegará como la luz” (Is 51,4).

“La misericordia triunfa sobre el juicio (Sto 2,13); “Habrá un juicio sin misericordia para quien no practicó la misericordia…” (Sto 2, 12)

Mario Borello, sdb
Licenciado en Teología Dogmática
Especialización en Teología Pastoral y Catequética

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