Pornografía: La sexualidad como mercancía

Entre los grandes temas que preocupan hoy a la humanidad, como el futuro del planeta y el legado de esta generación a las que sucederán, uno que exige a gritos preocupación, conocimiento y ocupación por parte de padres de familia y educadores son los efectos en niños, jóvenes y también adultos del consumo de contenidos pornográficos a través de las plataformas digitales, actividad que en nuestro país registra altísimos índices.

El anonimato que otorga el internet ha provocado que la producción de material audiovisual de sexo explícito, cuyo fin solo es excitar, crezca de manera explosiva. Según las tendencias Google, la palabra “porno” en Chile es uno de los términos históricamente más buscados. Popularidad que la ha transformado en la escuela distorsionadora de la vida sexual, con graves consecuencias por la realidad de fantasía que propone que atenta contra la dignidad incluso de seres indefensos involucrados.

La huella del porno

¿Cuál es la huella que el consumo masivo de pornografía está dejando en la sociedad? Una pregunta que se ha realizado desde distintos enfoques disciplinares, decantando en una serie de daños en sus consumidores, pero también en su entorno y en la sociedad. Según el médico y doctor en Filosofía, P. Wenceslao Vial, las más perjudicadas serían las mujeres, porque quedan expuestas como bienes de consumo cuyo valor se centra en el cuerpo, mientras que la performance en la que participa a menudo es humillante y legitima la violación.

“El porno normaliza la violencia de género y banaliza la importancia de la relación sexual y el consentimiento sexual. Adicionalmente, nos da expectativas irracionales sobre qué es normal y anormal, deseable o no deseable en un acto sexual”, rescata la sicóloga y académica de la Universidad Católica Silva Henríquez (UCSH), Tatiana Soto.

Un reduccionismo de la sexualidad a la genitalidad, paradigma biologicista ya superado por el de la integralidad, donde no solo se comprenden aspectos corporales, sino también sicológicos y espirituales, señala el P. Vial. Esto provocaría daños en las parejas, ya que al no entender estas dimensiones por quien consume, se ofusca al perseguir la fantasía virtual.

Para el cientista político Tebaldo Vinciguerra, cualquier tipo de pornografía es “incompatible con la dignidad humana”, lo que se agudiza en una era en la que no se le da importancia al desarrollo, felicidad o derechos de las personas. Problemática que desde su punto de vista es una “anestesia social en la época del individualismo libertino, hedonista, consumista, sin horizonte ético ni moral”, la cual ya ha afectado a múltiples generaciones de adultos.

Vinciguerra señala, además, que este tipo de material también provoca aislamiento progresivo. Si añadimos los nuevos comportamientos asociados a las redes sociales, podemos ver que el material ya no solo implica una búsqueda del mismo, sino que también llega sin solicitarlo a través de estas aplicaciones, como WhatsApp. Una suma que se transforma en una amenaza a las relaciones de carne y hueso debido a esta realidad virtual, según relata.

Consumidores cómplices

La validación por parte de los adultos sigue legitimando la producción, lo cual, aunque no se percibe, es observado por los niños, niñas y jóvenes, quienes lo aceptan como algo que podrían hacer a futuro. Un riesgo para aquellos que están navegando sin supervisión por el inmenso mundo virtual, porque su poca información para lidiar con estas imágenes no solo puede distorsionar su percepción de la sexualidad, sino también volverlos protagonistas.

Diversos casos han confirmado su asociación con crímenes, siendo uno de ellos la pornografía infantil, que además son pruebas claras de una violación y/o de abuso sexual; que también podrían hablar de la existencia de trata de personas. De acuerdo a la directora de la ONG Raíces, Denisse Araya, esta es la segunda manifestación de explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes (ESCNNA) en Chile, alertando también de dos tipos de abusos en línea nuevos que aumentan: el sexting, envío o intercambio de imágenes a cambio de dinero, y el grooming, seducción a base de engaños a niños y niñas.

“En nuestra investigación de 2017 para el Consejo Nacional de la Infancia, vimos que en el sexting un 80% de las víctimas eran niñas que ya habían sufrido explotación, mientras que en el grooming es mayor la cantidad de niños pequeños, entre 10 y 14 años, que pasan mucho tiempo solos”, indica la especialista, sumando que en Chile no hay aún una política nacional para enfrentar este tipo de abusos.

Para Denisse, lo más peligroso de los autores de estos crímenes es que generalmente son personas comunes y corrientes, muchas veces con hijos pequeños. “Yo les preguntaría a estos individuos ¿qué les pasaría si sus hijos estuviesen siendo usados por seres como ellos? Ubíquense en el daño que dejan para toda una vida en estos niños”, expresó.

Educación sexual

“La pornografía va de lleno y explícitamente a las dudas que los niños tienen. Venden muchos más boletos que nosotros”, expresa Tatiana, quien aborda esta área hace décadas. Por eso, propone que potenciar la educación sexual integral desde la más tierna infancia y de acuerdo a su estado de desarrollo sería un importante factor protector. “La comunidad educativa no es un límite físico, sino relacional, que también incluye el ciberespacio, por lo tanto, el uso de tecnología y de pornografía también es un problema de la comunidad educativa”, señala la especialista.

Justamente, ella es una de las académicas que diseñó el plan “Amor y cuidado de sí”, que es parte del programa de objetivos transversales que se implementará desde este año en los colegios salesianos. Su objetivo es abordar el desafío que implica abordar esta realidad con los jóvenes, del cual hablaremos en la sección de educación de esta revista.

Por Equipo de Comunicaciones.

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