Pobreza: un acto de violencia

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Desde fines del año pasado hemos visto instalarse diferentes formas de violencia en nuestra sociedad, a la que, en cierto modo, nos hemos ido acostumbrando. Pareciera que, al volverse habitual, perdemos el asombro y dejamos de cuestionar un escenario de bienes públicos destruidos o locales blindados. De la misma manera y por muchos años ha ocurrido con las personas de los sectores más vulnerables de nuestro país. También perdemos el asombro ante el drama que viven. Lo que es peor, los relacionamos con “pobrecitos”, suciedad, flojera, delincuencia, entre otras tantas cosas.

Olvidamos que la pobreza en sí misma es un acto de violencia, que tiene que llevarnos a cuestionarnos. Debemos entenderla no solo como la falta de lo material, sino también de afecto, amor, oportunidades, sueños, de Dios, y de herramientas para enfrentar la vida. Como establece la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la pobreza es, sobre todo, un problema de derechos humanos.

Frente a esto se hace urgente abordar esta problemática en los niños, niñas y jóvenes que en la vida han tenido menos. En gran medida, han sido excluidos de las oportunidades que como sociedad debiéramos entregarles y garantizarles.

Como presidente de Fundación Don Bosco he visto que la pobreza no permite que los jóvenes se desarrollen integralmente como personas. Un ejemplo doloroso es la historia de una niña que atendemos en uno de nuestros programas, que desde muy temprana edad se vio obligada a vivir en la calle, donde sufrió y vivió lo peor que podemos imaginar. Su familia se encontraba en pobreza extrema.

Por ello puedo afirmar que la pobreza no es solo carencia material, sino que también afecta las relaciones y las oportunidades de integración en la sociedad, creando dolor y resentimiento. Seguramente conoces historias como la de esta niña; lo triste es que muchos se han habituado a esos relatos sin hacer nada para evitar que se repitan.

Como Fundación hemos reaccionado y en cada uno de los programas que llevamos adelante buscamos acompañar, apoyar y promover intervenciones, servicios y proyectos de prevención que saquen a las personas de la pobreza educativa, de la exclusión social y los liberen de la marginación.

Hemos diseñado e implementado programas a favor de quienes viven en condiciones difíciles, atendiendo a uno de los grupos más complejos de la sociedad: los niños, niñas y adolescentes en situación de calle.

Atendemos a cerca de mil personas al mes, de manera salesiana, profesional y totalmente gratuita, pues soñamos con un país donde todos tengan los mismos derechos y oportunidades. Creemos en el apoyo, la acogida y la inclusión social de los jóvenes, especialmente los más pobres, y esto es posible solo con la ayuda de personas como tú, que creen en nuestros proyectos.

En nuestros programas trabajan cerca de 150 profesionales que entregan lo mejor de sí en el servicio que realizan. Por eso estamos comprometidos a abordar la pobreza infantil en Chile, no solo la económica, sino también la social, emocional, cultural, moral y espiritual. Pero solo será posible si la misión se hace sostenible en el tiempo y juntos entreguemos las oportunidades que nuestros niños y jóvenes requieren para integrarse socialmente.

El proyecto con el cual atendemos a la niña de la cual les hablaba acabará en abril de este año si no logramos encontrar ayuda económica para seguir adelante. Por eso necesitamos de ti. Te invitamos a actuar hoy y ser protagonista de lo que pasa a nuestro alrededor. Participa con nosotros y no pierdas la capacidad de asombrarte y levantarte para hacer frente a la pobreza y el dolor, porque también es tu tarea y la mía, no dejar que se conviertan en “algo normal” en nuestra sociedad.

Desde la sensibilización, la empatía, la unión de voluntades, podremos superar lo que desde nuestras individualidades no es posible. No nos acostumbremos a la corrupción ni a los malos hábitos. Juntos podemos activar las emociones y creatividades para reformular la realidad de nuestro país, transformando la vida de muchos que requieren el compromiso de todos. Busquemos alimentar un movimiento hacia la acción para decir con la frente en alto #Ayudaresmicompromiso.

Por P. Víctor Mora, presidente Fundación Don Bosco

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