Educación y Youtube: ¿Un momento de transición?

Debo ser honesta. Cuando comencé a indagar cómo YouTube se había vuelto parte de nuestras herramientas de aprendizaje, me encontraba en una situación de contrariedad. Un rechazo en el discurso, pero, en la medida que investigaba, me di cuenta de que, en la práctica, soy parte del gran grupo de chilenos que usa la plataforma de streaming para resolver dudas cotidianas. Aceptar que puede influenciar la manera de aprender de las nuevas generaciones... me costó un poco más.

Esta plataforma de contenido audiovisual es el segundo sitio más buscado en Chile luego de Google, según la web de análisis de tráfico de internet Alexa.com. Por otro lado, al revisar los informes de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, desde 2010 hay más celulares que habitantes en nuestro país y, desde el año pasado, suficientes conexiones móviles para considerar que tal vez todo el país participa del mundo online, inclusive niños.

Este no es un gran descubrimiento. Muchos de los que tenemos hijos hemos visto la destreza que demuestran al tener en sus manos un dispositivo móvil, sea un smartphone o una tablet. Algo que no es al azar, pues esta aplicación es intuitiva, por lo que la habilidad para navegar por ellas logra ser desarrollada desde tiernas edades y cuando ingresan al sistema escolar ya parecen expertos. Pero ¿cómo esa destreza es aprovechada?

Tutoriales: “¿Cómo hacer...?”

El acceso a internet nos da el poder sobre un mar de datos, donde los videos explicativos están cada vez más posicionados. “Tiene que ver con responder una necesidad del momento. Yo también lo hago. Necesito resolver algo, entonces veo el tutorial. Antes revisaba el Icarito o alguna enciclopedia, ahora vamos a YouTube, la plataforma de streaming más conocida a nivel mundial”, señala Leonardo Moraga, magíster en Informática Educativa y Gestión del Conocimiento, integrante del equipo de educación de la Congregación.

Desde cómo hacer el nudo de una corbata hasta cómo construir paso a paso una casa es lo que puedes encontrar en YouTube. Una oferta impresionante que se sostiene por una demanda igual de abundante. Según el informe publicado en 2018 por Google e Ipsos, 74% de sus encuestados dijo ver tutoriales en esta plataforma y ocho de cada 10 dijo ponerles más atención que la televisión abierta.

Además de ser fácil de usar, cumplir con la inmediatez y diversidad de temas, también da el poder, a quien la usa, de disponer de ellos cuando estime conveniente. “Los contenidos en línea, en realidad, lo que quieren es que tú te tomes tu tiempo para aprender. El video es una herramienta, no el fin”, indica Moraga.

Tal vez ya es posible dar el salto e incorporarlo formalmente en nuestro sistema educativo, buscando favorecer los procesos de aprendizaje en las escuelas, ayudando a ampliar la experiencia de interacción de los estudiantes con esta plataforma solo por entretenimiento. Sin embargo, algo falta.

Aula invertida

Utilizar videos en los procesos de enseñanza es algo que se viene haciendo desde hace décadas, pero que el material se incorpore antes de la clase es algo realizado desde 2011. Fueron los profesores Jon Bergmann y Aarom Sams quienes propusieron invertir el orden en que los estudiantes ven los contenidos: la tarea se hace en clases y la materia es revisada antes en sus casas a través de un video.

“En las clases tradicionales, si tienes un video lo usas para introducir el tema. Después explicas la materia, pasas el contenido, empiezas con las dudas y, si te alcanza... bueno, en realidad, ni siquiera para las dudas a veces alcanza. Luego, en la clase siguiente, viene la parte práctica, pero debes retomar el contenido”, explica Leonardo, conocedor del modelo, que en inglés se llama Flipped y en español, “aula invertida”.

De acuerdo a su investigación, estos profesores estado- unidenses, al observar este problema, decidieron ocupar las horas de estudio no presenciales para entregar el contenido. Eso les permitía a los estudiantes revisar los temas y llegar a las clases con las preguntas y aplicar la materia.

Sin embargo, la etapa de creación de videos es donde tal vez existe una dificultad, ya que, según el experto, desarrollar estos contenidos no es una tarea fácil. Es preciso prepararse en el nuevo lenguaje prominente de este siglo: el audiovisual.

“Creo que tenemos todas las herramientas de trabajo, pero no las personas que puedan facilitar su uso. No tenemos expertos que nos ayuden a trabajar con esas herramientas. Las personas asumen que porque Google ofrece servicios gratuitos, entonces no necesitamos a nadie que nos ayude, pero no logramos pasar la valla de usuarios”, destaca.

Urge una alianza entre pedagogos y audiovisuales para que hoy se produzca contenido para las aulas, personalizado por quien imparte la clase. Algo que ya debieran estar considerando las escuelas que forman a las próximas generaciones de profesores del país.

No olvidar el aula

Así como existen beneficios en el uso de plataformas como YouTube, moverse completamente a ella, olvidando el salón de clases, podría ser contraproducente. La tendencia al aprendizaje en solitario cada vez toma más fuerza, pensando que la educación se basa en el conocimiento per se, olvidando que la interacción presencial desarrolla habilidades blandas importantes en el crecimiento humano.

Podríamos perder, por ejemplo, el ensayo y el error. “Si es un tutorial de cómo se hace algo, aprenderás la mecánica de cómo hacerlo, pero no necesariamente vas a comprender el porqué de cada paso. Ahora, en los contenidos en línea va a faltar el contacto con el otro para poder contrastar lo que entendemos sobre el tema. Porque, tal vez, yo entendí una cosa y la otra persona entendió otra, entonces ¿cómo llegamos al ideal del aprendizaje? La reflexión, finalmente, se hace con los otros”.

Por Lorena Jiménez, periodista

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