Editorial 197

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Después de 130 años de la muerte de Don Bosco, la semilla que él plantó se ha convertido en un gran árbol que hoy conocemos como “Familia Salesiana”. Sus ramas, sus hojas y sus frutos son miles de hombres y mujeres extendidos por los cinco continentes con un estilo reconocible y diferenciado: su dedicación a la juventud de las clases populares, desde diferentes vocaciones y grados de compromiso.

Cuatro grupos principales forman las ramas troncales de este árbol: la Congregación Salesiana, las Hijas de María Auxiliadora, los Salesianos Cooperadores y la Asociación de María Auxiliadora; junto con ellos, los Antiguos Alumnos, las Voluntarias de Don Bosco y las Damas Salesianas, así hasta un total de 31 grupos, reconocidos oficialmente por el Rector Mayor de los Salesianos, sucesor de Don Bosco, quien actúa como padre y centro de unidad.

Ciertamente “son todos los que están”, pero “no están todos los que son”: la Familia Salesiana de San Juan Bosco se reconoce como un vasto movimiento de personas cuya amplitud supera los confines y las posibilidades de los grupos con estatuto oficial, dado que congrega a miles de alumnos y alumnas, de jóvenes, de amigos, simpatizantes y bienhechores que, sin pertenecer a ningún grupo de los oficialmente reconocidos, actúan a su lado con un estilo y espíritu muchas veces admirablemente salesiano.

Hoy percibimos la necesidad de vincular mucho más los grupos, de manera que, aun manteniendo su autonomía, adquieran la identidad y la unidad de Familia Salesiana. Sentimos, por la espiritualidad compartida y en vista a la misión común, el deseo de ser verdaderamente “Familia”, aunque resulte difícil. Por eso, este año la Consulta de la Familia Salesiana ha propuesto a todos los grupos que la componen, trabajar la propuesta de un plan estratégico (2018-2022), que desarrollemos de manera conjunta en una Asamblea Inspectorial desde el 30 de mayo al 2 de junio. No ha resultado fácil hacer este camino porque ha sido necesario ir modificando progresivamente una cultura, pero, con la ayuda del Espíritu Santo, que anima y nunca abandona a la Iglesia, es posible avanzar desde el diálogo, la reflexión, la experiencia, el respeto, la paciencia; desde aquello que nos distingue y aquello que nos une.

Sin pretensión alguna de exclusividad y sin sentirse imprescindible, la Familia Salesiana de San Juan Bosco en Chile aporta a la Iglesia y a la sociedad lo mejor que posee: su sintonía con el mundo de los jóvenes y su dedicación preferente a los ambientes populares; todo ello desde la creatividad, la capacidad de amplia convocatoria, la sensibilidad ante los retos de la nueva cultura y su fidelidad a la Iglesia chilena y universal. Con vistas al futuro, en el “Tercer Milenio”, la Familia Salesiana es consciente de que el objetivo de su fundador, forjar “buenos cristianos y honestos ciudadanos”, conserva hoy plena vigencia y, por ello, se esfuerza en dar respuestas en forma de presencias e iniciativas concretas en las diferentes realidades juveniles y populares de nuestra patria.

El árbol de la Familia Salesiana en Chile, con raíces centenarias, desde la formación de los Salesianos Cooperadores, que prepararon la llegada de los salesianos a Concepción en 1887 y de las Hijas de María Auxiliadora a Punta Arenas en 1888, sigue dando frutos abundantes y novedosos.

Por Carlo Lira Airola, Inspector

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