Aumento del VIH en Chile: Humanizar las relaciones personales

VIH

Sábado por la mañana, don Pedro recibe una llamada de Juan, su hijo mayor recién titulado que hacía varios meses se había ido de la casa para vivir solo. Pide saludar a la señora Marta, su madre, y les avisa que al día siguiente los irá a visitar. Mientras conversaban, la mamá percibe algo raro en su hijo. Su respiración y su voz no parecían normales. Deciden ir a verlo y lo encuentran con mucha fiebre. Rápidamente lo llevan a un Servicio de Urgencia, quedando hospitalizado.

El joven tenía una neumonía que tras tratamiento y luego de algunos días comenzó a superar. Sin embargo, el verdadero diagnóstico era otro: Juan había contraído VIH, el Virus de la Inmunodeficiencia Humana que infecta las células del sistema inmunitario, deteriorando las defensas de todo el organismo. No sabía cómo se había contagiado, aunque sí estaba consciente de la alta probalidad de haberlo contraído a través de las relaciones con sus distintas parejas sexuales.

A los padres “se les vino el mundo encima”. El joven había estudiado en un colegio católico y esperaban que tuviera una buena formación académica, humana y espiritual. En casa nunca se hablaba de “ciertos asuntos” como la sexualidad, porque eran temas incómodos y no sabían qué responder. Confiaban en que el colegio resolviera esto.

Con el paso del tiempo, Juan se recuperó gracias a una terapia específica. Sin embargo, su sistema inmunológico quedó debilitado; siempre será un “enfermo crónico”. Al poco tiempo de ser dado de alta, adquirió una bacteria que le afectó los riñones y la vista. Una mañana despertó sin poder ver. Nuevamente fue hospitalizado por dos meses. Después de ese periodo debió mantener un nuevo tratamiento con antibióticos. Lentamente fue recuperándose hasta sentir que tenía fuerzas para volver a trabajar, pero debió regresar a la casa de sus padres, quienes nunca lo han dejado solo, pero que sufren en silencio. La vida de ese hogar cambió para siempre.

Esta historia es verdadera, solo se han cambiado los nombres. Mirar a cada uno de los que la protagonizan permitirá analizar y humanizar los datos estadísticos y sanitarios que hay sobre este tema.

Conversación franca

Juan es estudioso, amante de su familia y de sus padres. Es, también, uno de los 100 mil chilenos portadores del VIH, cifra en ascenso y que tiene a los jóvenes entre los 15 y los 29 años constituyendo el 50% de los nuevos casos, todo según el último informe de Onusida. Es uno de los contagiados que están expuestos a infecciones que le pueden causar la muerte. Contagiando a otros el desenlace puede ser el mismo. Aunque este fatal pronóstico se ha minimizado por tratamientos antirretrovirales, el riesgo siempre está latente. La etapa más avanzada del VIH se denomina SIDA, que corresponde a la presencia de las más de 20 infecciones o de cánceres relacionadas con el virus, como lo explica la Organización Mundial de la Salud.

¿Por qué contrajo este virus? Juan es uno de los jóvenes cuya conducta sexual no responde a lo que sus padres creen. Según la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología, actualmente el inicio de la vida sexual en nuestro país es a partir de los 15 años y se ejerce en encuentros ocasionales, muchas veces bajo la influencia del alcohol y las drogas. Juan no supo cómo ni quién lo contagió.

El impacto del VIH en la vida de las personas y su entorno exige protagonismo de la familia en la educación de estos temas. El conocimiento y la conversación franca deberían ayudar a prevenir estos contagios, pero la realidad dice otra cosa. Termina siendo el colegio el lugar que intenta suplir algunas de esas carencias.

Educación sexual significativa

Juan, probablemente, no tuvo educación sexual en su colegio o, si la tuvo, fue solo un “ramo” o “jornadas” que no impactaron en sus conductas. La urgencia de este tema y otros relacionados con este ámbito de la vida de niños, adolescentes y jóvenes exige que los establecimientos educacionales incluyan un programa de educación sexual según sus principios y valores, expresado en su proyecto educativo. La pregunta es ¿cómo se desarrollan esas actividades curriculares? ¿De qué manera se forma la responsabilidad de cada uno de los actos personales?

El currículo escolar responde a las preguntas ¿qué aprendizajes lograr?, ¿cómo enseñar?, ¿dónde y cuándo desarrollar las actividades? y ¿cómo evaluar? Si existe un compromiso serio con el crecimiento humano y espiritual de los estudiantes, cada una de las respuestas a esas preguntas deben estar impregnadas de valores, actitudes y modelos evangélicos a seguir. En este contexto se debe incluir la educación de la sexualidad. Si esto no sucede, la educación sexual será poco significativa para los jóvenes. Los valores de respeto a la persona, al propio cuerpo y al de los demás serán solo palabras que no los interpelarán. Tal vez, solo se quedaron con el uso del preservativo, si es que el programa del colegio lo incluyó, pero una verdadera educación sexual debe ser mucho más que eso.

El colegio debería replantearse este tema. Revisar el “currículo oculto”, aquel no declarado, pero de alto impacto en la formación de los estudiantes. Mostrar modelos “creíbles” de conductas sexuales sanas, sin condenar a los portadores del virus. No dejar de lado las políticas públicas, aunque aparezcan contrarias al ideario institucional, e integrarlas en este proceso formativo.

Sexualidad responsable

Juan, probablemente, nunca pensó que sería uno de los contagiados con VIH. En una mirada simplista, se podría afirmar que “no se cuidó”, pero si queremos abordar la situación en profundidad, es primordial comprender la necesidad de un estilo de vida donde la sexualidad se ejerza con responsabilidad y respeto hacia sí mismo y hacia los demás. Al analizar el caso de Juan, junto con buscar razones del contagio, deben surgir preguntas que interpelen cada una de sus propias acciones, las de su familia y del colegio. Lo contrario es quedarse con soluciones que pueden evitar el contagio, pero que acrecientan la deshumanización en las relaciones personales. Y esa es, precisamente, la causa profunda del aumento del VIH en los jóvenes.

Por Claudio Jorquera, magister en educación.

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